Ese dia quiza nos demos cuenta de la magnificencia del musgo,de los liquenes adheridos a la roca,del polvillo del sendero.Ese,u otro dia,quiza podamos percibir la grandeza de las pequenyas
cosas.Sera entonces cuando,por fin,las piedras se conviertan en fieles companyeras de nuestro destino,sera cuando el rio nos comience a hablar con brillantes destellos y voz fresca y profunda.Sera solo entonces cuando la mancha de cafe de nuestra camisa preferida deje de ser un problema para convertirse en el mapa del tesoro de nuestro corazon perdido.
Sobre esto trata el siguiente relato.
EL MOSQUITO.
Una noche me dio por ir a dormir a Ganges.Habia alquilado una rustica barcaza de madera astillada,con un habitaculo en medio que hacia las veces de camarote.Pensaba en abandonar mi 'guest house'de cemento y cambiarla por una hermosa 'suite' con vistas,mecida por la magica energia del rio mas venerado del mundo.En fin,una'cocada'.
Pero,como suele pasar con todas las ideas romanticas,comenzaron a surgir problemas tecnicos antes de poner el pie en el bote.
Mis amigos de Varanasi me advirtieron del calor durante el dia y de los insectos durante la noche.
En cuanto a la temperatura,me resultaba improbable que pudiera hacer mas calor en aquel barco o en el Infierno que en mi bendita 'guest house'.Probablemente saldria ganando con el cambio.
Por otra parte el interior del habitaculo estaba atestado de aranyas,con sus correspondientes redes cazadoras de bichos volantes,asi que me consolaba pensando que con la cantidad de aranyas que habia-y que esperaba me respetaran al igual que yo las iba a respetar a ellas-A penas quedarian mosquitos,que eran los verdaderamente preocupantes.
Lo que con certeza me echo para atras en mis bellos planes fue el informarme de que una pareja de'romanticos'que habian ocupado mi 'suite'con anterioridad,habian sido asaltados y desvalijados una noche sin luna ni compasion,por un grupo de vandalos desalmados:'Los Piratas del Ganges'.
...y bueno,como ya tenia pagada por adelantado aquella noche,no obstante'Los Piratas',me fui a la barca con mi mosquitera y mi esterilla bajo el brazo y con el consuelo de que al menos tendria la experiencia.
Aquella noche silenciosa debio de ser bien especial.Creo que el Ganges me fue abriendo suavemente mi centro de conciencia durante aquellas largas horas,acunado por sus sagradas aguas.
Cuando desperte a la manyana y sali fuera del cobijo de mi mosquitera,una jauria de mosquitos hambrientos vinieron a desayunarme.Intente en vano zafarme de ellos durante un rato.luego,ya un tanto desesperado,pase a poner en practica el'Plan B':El bote de repelente.Me rocie las zonas de piel que quedaban al descubierto y comence a rascarme la sarna de granos que eclosionaban aqui y alla.
Estaba pensando con enfado en lo poco que trabajaban las aranyas de aquel infesto barco cuando,de forma automatica solte un manotazo contra la madera despintada de la pared del camarote.acerte de pleno a uno de mis voraces enemigos.
Una oleada de sudor frio invadio mi cabeza.Me quede atonito mirando los restos aplastados del mosquito que yacia justo en el centro de una gran salpicadura de color rojo intenso.Todavia alguna de sus patitas temblorosas intentaba aferrarse a la vida.
Sangre de mi sangre!Acerte a decir.
Trague saliva y me quede alli,en aquella posicion un tiempo indefinido,con la clara certeza de que,en aquel preciso instante,acababa de asesinar a mi hermano.
EL MENDIGO.
Me encontraba leyendo mi libro preferido de poesia.Como muchas manyanas acompanyaba mi lectura con un zumo de naranja en un puestecillo de fruta que miraba a la siempre concurrida calle principal de Pushkar.Me gustaba sentarme fuera,en un banquito exterior y disfrutar del ir y venir de los siempre exoticos habitantes de aquel pueblo.Del trasiego de la magica'Ciudad de las Rosas' en el Rajastan Hindu,a las puertas del desierto del Thar.
Aquel libro habia tenido la gentileza de acompanyarme en mi viaje a India pero tenia el molesto defecto de urgarme las heridas ocultas,falsamente cicatrizadas,en los recovecos profundos de mi alma.Yo, como un masoquista a la fusta, habia terminado por cogerle carinyo a aquel libro maldito.Con el tiempo termine sintiendo como detectaba con pericia la herida,rascaba la postilla,apretaba fuerte para que saliera todo el pus y dejaba luego que la sangre nueva brotara para cerrarla.
El zumo estaba barato y sabroso en aquel puesto pero los rebordes de los vasos lucian una ronya sedimentada que siempre me producia un cierto recelo.Di un trago largo y continue con mi lectura.Me quedaba el ruido de fondo del devenir de la vida del pueblo,de las vacas buscando algo biodegradable que echarse a la boca,de los turistas cazadores de instantaneas vibrantes,de los lugarenyos pescadores de turistas cazadores.
Mi lectura se interrumpio,como una de tantas veces,por la insistencia de un pediguenyo mas,tanteando la suerte de cada dia.Era un viejito flaco y huesudo,con barba despeinada,un turbante raido,camisa heredada de algun antiguo martir de la guerra con Pakistan,algun diente solitario y alguna mosca famelica como fiel mascota y companyera.En fin,nada especial.Le dedique una corta mirada a su mano suplicante,me rasque perezoso el bolsillo,le solte con desgana la rupia que se me cruzo entre los dedos y segui leyendo.
La mano de aquel pesado mendigo aparecio otra vez delante de mi libro de poesia.Cuando levante mi mirada contrariada me encontre con la suya envuelta en un desierto de arrugas,sonriente,brillante,
Le tendi mi mano temblorosa y al tomar la suya el corazon se me vino a la garganta.
-Gracias!-Me dijo con su boca sonriente y desgranada de dientes.
-De nada.Le conteste como pude mientras bajaba la mirada.
Dos fuentes de agua calara comenzaron a brotar en mis ojos.Me quede alli sentado,llorando cabizbajo en medio de la calle polvorienta.Me quede alli avergonzado,intentando ocultar mi largo llanto bajo el pelo y los cristales ahora empanyados de mis gafas,intentando disimular las convulsiones producidas por el hondo sollozo.
Alli me quede en medio de la voragine de Pushkar con mi llanto de ninyo viejo,de elefante sabio y un quejido dulce y seco que me decia desde lo mas profundo de mis entranyas:'Me dio tanto por tan poco!'.
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